jueves, 24 de julio de 2014

LIDERAZGO Y MAREA CRIMINAL

Por: Jorge Nieto Montesinos

Durante tres meses, desde mediados de abril, nos hemos reunido un conjunto de ciudadanos preocupados por la amenaza que supone la creciente inseguridad ciudadana. Tenemos ideas distintas sobre muchos temas, pero nos hemos puesto de acuerdo en este. Como se dice en el Comunicado, “quienes firmamos, nos constituimos como un grupo ciudadano que se esforzará por hacer el seguimiento acucioso de la crisis de la seguridad ciudadana, sensibilizar a las instituciones y la opinión pública sobre la gravedad de la situación y exigir a las autoridades cumplir con seriedad las responsabilidades que han asumido. Queremos impedir que la marea criminal avance y ponga en jaque la gobernabilidad democrática y el progreso económico del país”.

El comunicado completo esta en la siguiente dirección electrónica:
http://gruposeguridadciudadanaperu.blogspot.com 
Lo firman, en orden alfabético, Carlos Basombrío Iglesias, Gustavo Carrión Zavala, Gino Costa Santolalla, Rafael Fernández Stoll, Víctor García Toma, Jorge Nieto Montesinos, Fernando Rospigliosi, Ricardo Uceda, José Ugaz Sánchez Moreno, Ricardo Valdés Cavassa y Rubén Vargas Céspedes. Constituye un primer diagnóstico de la situación y los fundamentos de un plan estratégico, al tiempo que una exigencia de tomar muy en serio el problema, aún manejable, pero que corre el riesgo de entrar en una dinámica inercial viciosa. Convergente con los artículos que he venido escribiendo en este portal, reproduzco alguna de sus partes. Se titula Liderazgo y Voluntad Política para la Seguridad Ciudadana.

El nombramiento del nuevo Ministro del Interior, una persona severamente cuestionada por graves denuncias en materia de derechos humanos, su frenético activismo mediático, y las sucesivas y erráticas declaraciones en materia de seguridad ciudadana, así como las medidas que a trompicones ha ido anunciando en los días subsiguientes, lejos de brindarle tranquilidad a la ciudadanía, le han notificado que no parece haber ni cifras serias y confiables sobre todos los indicadores del fenómeno criminal, ni un diagnóstico preciso, ni menos una estrategia y un rumbo claros, con objetivos meditados y metas cuantificables, dentro de una línea de tiempo mensurable.

El peor dato es la ligereza con la que se aborda el problema. Esta sugiere con mucha nitidez la ausencia de la voluntad política y del liderazgo competente indispensable para enfrentar el problema, no solo su percepción. Es verdad que han quedado atrás las sistemáticas declaraciones de funcionarios del gobierno señalando que la sociedad exageraba el fenómeno. Pero sigue en pie que este año la seguridad ciudadana es el principal problema de la agenda pública, según lo anotan varias empresas encuestadoras.

La percepción de inseguridad de la gente se deriva de su experiencia cotidiana. Lo responsable es cambiar esa realidad. Atacar solo la percepción a través del activismo mediático es preparar un nuevo fiasco. De hecho, mientras se televisan aparatosos operativos en un lado, por otros continúan los ajustes de cuentas, los robos, las extorsiones, el pandillerismo y demás componentes de la marea criminal.

El factor que parece explicar principalmente su incremento es el déficit institucional y el déficit ético del que adolece el Estado, que consolidan la corrupción y la impunidad como su modo usual de comportamiento. Y por ello la mejora radical de la calidad de las instituciones implicadas y el combate a la corrupción, que ahora se han minimizado, son parte medular de una estrategia. Necesitamos instituciones, no salvadores televisivos que las reemplacen. El país ya sabe cómo termina eso.

Publicado en el portal "El Montonero" el 22 de julio del 2014.

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